Óscar fue conducido a través de varias galerías y túneles de las alcantarillas alumbrado por una antorcha que Raven parecía haber improvisado para la ocasión. Él y Raphael iban por delante mientras que Machina cubría la retaguardia y Covadonga justo a la espalda de nuestro héroe, apretando el arma contra sus riñones.
-¿En qué clase de lío me he metido?- pensaba cabizbajo- Esto no puede acabar bien.
Carraspeó un poco en busca de una voz en su interior que no reflejara que estaba a punto de vomitar de puro pánico.
-Eh, Raphael- dijo al fin tratando de parecer tranquilo-, ¿qué es eso de "dos entran, uno sale"?
Todos rieron. Incluso Óscar tuvo un leve acceso de risa nerviosa. Raphael se volvió hacia él clavándole una mirada perversa. Todos se detuvieron.
-Ya hemos llegado, pequeño hobbit. Estás a punto de comprobarlo.
Óscar miró por encima del hombro del jefe de la Orden Magenta y vio algo que no le gustó un pelo. Un pozo. O algo parecido a un pozo. Un círculo como de un metro de diámetro al que desembocaba el caudal de agua que ahora tan solo era un hilillo de líquido gris.
-Bien, Raven... puedes explicarle...
-Sí, claro- dijo Raven emocionado-. Mira, ese es "el pozo".
Óscar tragó saliva. Por la cabeza se le pasó una idea fugaz: "tal vez, si era lo bastante rápido podía girarse y desarmar a Covadonga. La cosa cambiaría mucho si el arma estuviera en sus manos". Sonrió mentalmente al visualizarse realizando tamaña heroicidad pero un nuevo pensamiento le vino a la cabeza: "eso si es que sabes usarla... igual la coges y te vuelas un pie".
-Machina bajará contigo.
Óscar miró a Machina que se había quitado la camiseta negra y estaba, a torso desnudo, crujiéndose los dedos de las manos.
-Pero...
-No hay peros. Esa es tu prueba. Una vez abajo nosotros abriremos desde aquí la llave del agua y taparemos la entrada al pozo.
Óscar no pudo evitar soltar una lágrima.
-Eh, eh- espetó Raven-, a ver, tio, si no te enteras de cómo va la cosa no vas a tener ninguna posibilidad ahí abajo. Óscar apretó los puños y cerró fuertemente la mandíbula para no llorar y asintió con la cabeza.
-Mejor. Sigo contándote. Ahí abajo hay una llave. El suelo del pozo es un lodazal y ahí, entre la mierda, hay una llave que abre la puerta del pozo. El agua entrará y entrará y cada vez será más dificil encontrarla, por lo que te aconsejo que lo hagas rápido.
-Sí, cowboy, rapidito rapidito-dijo Covadonga apretando más el arma.
-Cuando uno de los dos encuentre la llave gritará "sacadme". Nosotros deslizaremos una cuerda y uno de los dos subirá por ella, abrirá la puerta con su llave y saldrá del pozo. Luego lo volveremos a cerrar y quien quede abajo pues... ya sabes.
Óscar dio un paso atrás tambaleándose. Estaba a punto de desmayarse pero Covadonga lo empujó hacia delante con agresividad.
-Oídme, yo no puedo hacer...- dijo Óscar moviéndose a ambos lados, mareado, con las piernas temblándole.
No pudo acabar la frase. Una patada en el trasero lo empujó hasta el borde del pozo. Aguantó el equilibrio agitando los brazos pero estaba a punto de caer cuando Raphael lo agarró por la camiseta.
-Piensa que todo vale dentro del pozo, así que sólo tienes que hacerte con esa llave y salir. No es tan difícil. Machina ya lo ha hecho ocho veces- dijo Riendo a carcajadas.
Óscar miró a Machina que sonreía esperando el momento de bajar.
-Y ahora, Óscar- dijo Raphael en su oído-, al agua.
Solo tuvo que soltarle la camiseta y el cuerpo de nuestro héroe cayó se precipitó hacia el pozo agitando los brazos y gritando. La Orden Magenta reía arriba.
Mientras caía cerró los ojos y pensó en ese beso que se había dado con Lucy mientras los bomberos apagaban el incendio de la casa de Tate. Ése único instante le reconfortó mientras su cuerpo bajaba como un muñeco de trapo.
La caída no fue tan dura como esperaba. Al parecer el pozo no era tan profundo como había imaginado y aquéllo a lo que Raven había llamado una vez lodo y luego mierda resultaba ser fiel solo a la última de las acepciones. Su cara aterrizó sobre un colchón de desperdicios malolientes y el resto del cuerpo le siguió justo después. Le dolieron todos los huesos a consecuencia del golpe pero seguía vivo, en contra de todos los pronósticos que había hecho su inquieta mente.
Tardó algunos segundos en moverse pero el ruido de una llave de paso de agua grande y oxidada siendo accionada le activó todos los resortes mentales que necesitaba. Oyó como el agua empezaba a correr en un caudal muy potente y, casi sin pensarlo, se puso de rodillas y hundió sus manos en los desperdicios tanteando en busca de la llave. Bajo él, entre la suciedad, podía palpar infinidad de texturas pero nada que pareciese una llave. Incluso encontró una caja del tamaño de una caja de zapatos con un objeto en su interior, pero nada que pudiese abrir la puerta.
-Dios, aquí no hay llave- dijo llorando.
Enfadado dio un golpe en la pared. El golpe sonó a hueco y metálico. Óscar se inclinó hacia el lugar y vio que, en cierto lugar del pozo había una compuerta metálica para la salida del agua y que, por verbigracia del destino, estaba un poco suelta.
Medio segundo más tarde sintió un chorro de agua caer sobre él. Le hizo perder el equilibrio y volvió a estrellar la cara contra la suciedad. Sintió una punzada de dolor en el hombro herido al golpear el suelo con él.
Otro medio segundo después Machina cayó justo a su lado. De pie. Óscar incorporó el rostro, miró a su oponente y, sin mediar palabra, volvió a hundir las manos desesperadamente en busca de su salvación. Su vida estaba en juego. Machina se acuclilló y comenzó a buscar también. Nuestro protagonista le miraba de reojo de vez en cuando mientras buscaba. El agua no dejaba de caer. Ya les llegaba por las rodillas. El suelo no se veía.
-¡Vamos, Machina! ¡Ya lo has hecho otras veces!- gritó Raven desde arriba.
Óscar comenzó a llorar de nuevo cuando se dio cuenta de que ya no podía meter las manos bajo la tierra sin hundir la cabeza bajo el agua. La velocidad con que el pozo se inundaba era alarmante. Tomó aire y se sumergió para continuar la búsqueda. Se dirigió primero a la compuerta que había descubierto para orientarse y comprobó que, en efecto, estaba a punto de ceder. Quizá una patada le abriese una salida. O algo peor que lo que ya tenía. ¿Qué habría detrás? ¿Sería una vía de escape segura?
Salió a tomar aire y vio, consternado dos cosas que casi le hacen desmayarse. El agua ya había subido lo suficiente como para no hacer pie y... Machina estaba subiendo por una cuerda que sus compañeros le habían arrojado. En su mano llevaba una llave grande llena de suciedad. La Orden Magenta lo alentaba a través de los huecos de la puerta circular del pozo por donde le habían echado la cuerda.
Se volvió a sumergir un instante para comprobar algo. Una patada y la compuerta cedió lo suficiente como para que el agua comenzara a fluir a través de ella. Pero.. ¿sería suficiente? Quizá otra patada y podría entrar a través del hueco.
Óscar miró a Machina, a medio camino ya de la seguridad de la superficie y dudó un segundo. ¿Qué debía hacer?
-------------------------------------------------------------------------------------------------
Tú decides:
OPCIÓN A: Tratar de arrebatárle la llave a Machina y salir abriendo la puerta.
OPCIÓN B: Intentar salir por la compuerta rota.
OPCIÓN C: Otra. Cualquier otra cosa que se les ocurra, anótenla en los comentarios de esta entrada.
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EL DEBATE SOBRE EL FUTURO DE ÓSCAR ESTÁ ABIERTO. DEJEN SU OPINIÓN EN LOS COMMENTS Y QUE SEA LO QUE DIOS QUIERA. EN LA ESQUINA SUPERIOR DERECHA DE LA PANTALLA PRINCIPAL DE ESTE BLOG PUEDEN VOTAR LAS OPCIONES. (LA TERCERA OPCIÓN APARECERÁ CUANDO SE DECIDA CUAL ES DE ENTRE VUESTROS COMENTARIOS.)
¿Y a esto cómo se juega?
Cada LUNES el blog se actualizará con una entrada que expondrá la situación actual de Óscar y se dará a elegir a los lectores entre tres opciones que representarán su futuro inmediato: dos de estas opciones vendrán preestablecidas por la dirección del blog (ego sum) y la tercera quedará abierta para que sea el público quien la sugiera. De vosotros depende que Óscar se convierta en un triunfador en la vida o en un mendigo harapiento, por mencionar solo dos de las infinitas posibilidades. Adelante.
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lunes, 7 de abril de 2008
lunes, 31 de marzo de 2008
1x04. Pruebas
Óscar sacudió el polvo del sombrero que había recogido del contenedor. Era un sombrero marrón idéntico al que Harrison Ford lucía en la saga del mítico aventurero Indiana Jones. Una vez calado sintió como una parte de sí había muerto en algún lugar entre las llamas y una nueva persona nacía en su interior. Alguien que, sin lugar a dudas, viviría un sinfín de aventuras en el futuro. Con la cara semioculta bajo el ala del sombrero avanzó sigilosamente hacia las figuras y en un instante pudo oír su conversación, aún a una distancia prudencial.
-Raphael, ¿qué has traído de comer?- dijo uno de ellos con voz nasal.
-Pizza, por supuesto, ¿qué esperabas?- dijo un segundo alegremente.
-¡Pizza! ¡Adoro la pizza!
-¡Covadooooooooooooongaaaaaaaaaaaa!- gritaron al unísono asustando a Óscar que trastabilló de la impresión tropezando con un botellín de cerveza que tintineó en la oscuridad.
Óscar dio dos pasos hacia atrás tratando de permanecer oculto en las sombras. Los tres misteriosos personajes se volvieron hacia el sitio, alarmados.Aquél al que habían llamado Raphael tomó un trozo de tubería y lo levantó amenazante.
-¿Quién anda ahí?- dijo severamente.
Óscar dio tres pasos más de espaldas con la firme y sana intención de huír. Y a punto habría estado de hacerlo de no ser porque notó que algo duro se le apretaba contra la espalda de repente.
-Quieto ahí, vaquero- dijo una voz de mujer a su espalda-, o te lleno de plomo.
-¿Covadonga?- dijo uno de los hombres.
-Eh... tranquila... yo solo estaba...- balbuceó Óscar.
-¿Qué? ¿Sacando el perro?- dijo la mujer apretando el metal contra su espalda- ¡Sí, chicos, soy yo, tenemos compañía! Vamos, anda, cowboy.
Fue empujado a caminar hacia delante, hasta un recodo en el camino a donde habían ido, siempre por delante de él, los tres hombres. Una vez allí, bajo un foco en el que algunos mosquitos jugaban a "electrocución voladora", el juego de moda entre los mosquitos de la zona, Óscar pudo al fin verle las caras a sus captores.
Se trataba de tres hombres y una mujer. Debían tener la misma edad que Óscar aunque el que se hacía llamar Raphael aparentaba unos 20. Llevaba barba de dos días (aunque bastante poco poblada) y vestía completamente de negro. Con la cabeza afeitada y una línea también negra debajo del ojo derecho al estilo de los jugadores de fútbol americano.
-Este es Raven-dijo Raphael señalando al más cercano a él, otro tipo famélico, vestido de negro, calvo y con los ojos pintados de negro-, aquél de la melena es Machina y para que lo sepas, no habla. Yo soy Raphael y ella, ella es Covadonga.
Covadonga era una chica morena, muy delgada,muy pálida y algo bajita para su edad. Vestía de negro como el resto de sus compañeros y tenía una expresión como de niña perdida que le quedaba francamente bien. A pesar de su lividez sus ojos color miel atravesaban con fiereza a Óscar, como si toda la situación estuviera bajo el único control de su mirada. Había guardado el arma en el bolsillo de su chaqueta negra y aún apuntaba a nuestro héroe. Y en un ángulo algo inclinado hacia abajo por lo que su virilidad caería justo un segundo antes que su vida si se le ocurría hacer alguna tontería.
-¿Y tú quién coño eres?- preguntó Raphael con severidad-, ¿te has soltado de la mano de mamá?
Óscar dudó un momento, consciente de que la ropa del fin de año pasado, algo rota y quemada pero ropa de fin de año a fin de cuentas, desencajaba completamente con la estética oscura y siniestra de sus captores. El miedo le empujó desde dentro hacia afura y sin titubear, para que no supieran que les temía, respondió sin vacilar demasiado:
-Óscar. Me llamo Óscar.
Raphael sacó de un bolsillo un cigarro por la mitad, se lo puso ladeado en la comisura de los labios y lo encendió con un zippo plateado con alguna suerte de garabato grabado.
-Muy bien, Óscar. ¿Sabes quienes somos, verdad?
Óscar, evidentemente, no tenía la menor idea pero cuando se disponía a responder que no Raven le interrumpió.
-Sí, amigo, somos nosotros. La Orden Magenta.
Raphael le dio un codazo para que se callara y Raven gruñó retrocediendo un paso.
-Cállate, Raven. Tú, Óscar, ¿sabías quienes eramos?
Óscar no tenía ni idea.
-Sí- se apresuró a responder-, he oído hablar de vosotros.
-Muy bien, entonces dinos, ¿eres un espía de los High Skull o has venido a unirte a nosotros?
Covadonga, que había permanecido callada se acercó un paso a Óscar que no pudo evitar temblar levemente al pensar en el arma.
-¿O has venido a morir aquí abajo, amigo?- dijo con provocación.
-He venido... a unirme, claro- dijo nuestro protagonista tratando de parecer enigmático.
-Muy bien- asintió Raphael-, quizá necesitemos a alguien más. ¿Sabes las reglas de La Prueba, no?
-Eh... sí, claro, pero... ¿las sabes tú?
La Orden Magenta en pleno se rió durante medio minuto más o menos. Bueno, todos menos Machina que permanecía serio y mirando hacia abajo. Finalmente Raphael hizo un gesto a Raven que carraspeó, se adelantó un paso y dijo:
-Primero tienes que encontrar el refugio, y aquí estás- todos asintieron-, luego tienes que contarnos una fechoría, algo que hayas hecho lo suficientemente macabro como para que merezcas que te dirijamos la palabra. Luego de eso te ponemos una prueba. Si la cumples eres uno de los nuestro.
-Gracias, Raven, dijo Raphael- Raven sonrió orgulloso.
Óscar tragó saliva pensando en el lío en que se estaba metiendo y que al día siguiente tenía los exámenes de selectividad.
-Venga, pasmao, tu historia.
Óscar tragó saliva y les contó su historia. Todos se quedaron boquiabiertos durante un segundo salvo Machina que permanecía inmóvil y silencioso.
-Vaya con Osquitar- dijo Covadonga disimulando algo que bien podía ser emoción.
-No sé si esa historia es real o te la has inventado, Óscar. Pero si es cierta tienes agallas, y eso nos gusta.
-Y si es falsa... ¡bang!- dijo Covadonga moviendo el arma dentro de su bolsillo.
-¿Y ahora qué?- dijo Óscar que llevaba un buen rato aguantando con todas sus fuerzas para que no vieran el miedo tan grande que tenía.
-Ahora tu prueba- dijo Raphael y Raven le acercó un sombrero en el que había varios papeles doblados-. Por cierto, amigo, ese sombrero es idéntico al que usábamos antes para el sorteo de la prueba.
-Ah-dijo óscar fingiendo desinterés-, seguro que era peor.
-Seguro- dijo Raphael con recelo-.Te explico, sacas tres papeles. Cada uno de ellos es una prueba. De los tres eliges una y ésa será la que tendrás que realizar para pertenecer a la Orden Magenta. Adelante, mete la mano ahí.
-Sí, vamos- dijo Covadonga.
Óscar metió la mano en el sombrero y sacó tres papeles al azar. Los desdobló y leyó en voz alta las tres posibles pruebas a realizar:
-Encontrar a Willy, la mascota perdida.
-La Carrera del Duro.
-Dos entran, uno sale.
Óscar se quedó mirando los papeles, sabedor de que ahora le tocaba elegir qué prueba quería realizar si quería, al menos, quitarse de encima a los cuatro bichos raros.
-Eh... ¿en qué consisten?
-Primero elige- dijo Covadonga acercándose con el bulto de su chaqueta apuntándole a los testículos.
Óscar tragó saliva.
-Pues...
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Tú decides:
OPCIÓN A: Encontrar a Willy,la mascota perdida.
OPCIÓN B: La Carrera del Duro.
OPCIÓN C: Dos entran, uno sale.
OPCIÓN E: Otra. Cualquier otra cosa que se les ocurra, anótenla en los comentarios de esta entrada.
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-Raphael, ¿qué has traído de comer?- dijo uno de ellos con voz nasal.
-Pizza, por supuesto, ¿qué esperabas?- dijo un segundo alegremente.
-¡Pizza! ¡Adoro la pizza!
-¡Covadooooooooooooongaaaaaaaaaaaa!- gritaron al unísono asustando a Óscar que trastabilló de la impresión tropezando con un botellín de cerveza que tintineó en la oscuridad.
Óscar dio dos pasos hacia atrás tratando de permanecer oculto en las sombras. Los tres misteriosos personajes se volvieron hacia el sitio, alarmados.Aquél al que habían llamado Raphael tomó un trozo de tubería y lo levantó amenazante.
-¿Quién anda ahí?- dijo severamente.
Óscar dio tres pasos más de espaldas con la firme y sana intención de huír. Y a punto habría estado de hacerlo de no ser porque notó que algo duro se le apretaba contra la espalda de repente.
-Quieto ahí, vaquero- dijo una voz de mujer a su espalda-, o te lleno de plomo.
-¿Covadonga?- dijo uno de los hombres.
-Eh... tranquila... yo solo estaba...- balbuceó Óscar.
-¿Qué? ¿Sacando el perro?- dijo la mujer apretando el metal contra su espalda- ¡Sí, chicos, soy yo, tenemos compañía! Vamos, anda, cowboy.
Fue empujado a caminar hacia delante, hasta un recodo en el camino a donde habían ido, siempre por delante de él, los tres hombres. Una vez allí, bajo un foco en el que algunos mosquitos jugaban a "electrocución voladora", el juego de moda entre los mosquitos de la zona, Óscar pudo al fin verle las caras a sus captores.
Se trataba de tres hombres y una mujer. Debían tener la misma edad que Óscar aunque el que se hacía llamar Raphael aparentaba unos 20. Llevaba barba de dos días (aunque bastante poco poblada) y vestía completamente de negro. Con la cabeza afeitada y una línea también negra debajo del ojo derecho al estilo de los jugadores de fútbol americano.
-Este es Raven-dijo Raphael señalando al más cercano a él, otro tipo famélico, vestido de negro, calvo y con los ojos pintados de negro-, aquél de la melena es Machina y para que lo sepas, no habla. Yo soy Raphael y ella, ella es Covadonga.
Covadonga era una chica morena, muy delgada,muy pálida y algo bajita para su edad. Vestía de negro como el resto de sus compañeros y tenía una expresión como de niña perdida que le quedaba francamente bien. A pesar de su lividez sus ojos color miel atravesaban con fiereza a Óscar, como si toda la situación estuviera bajo el único control de su mirada. Había guardado el arma en el bolsillo de su chaqueta negra y aún apuntaba a nuestro héroe. Y en un ángulo algo inclinado hacia abajo por lo que su virilidad caería justo un segundo antes que su vida si se le ocurría hacer alguna tontería.
-¿Y tú quién coño eres?- preguntó Raphael con severidad-, ¿te has soltado de la mano de mamá?
Óscar dudó un momento, consciente de que la ropa del fin de año pasado, algo rota y quemada pero ropa de fin de año a fin de cuentas, desencajaba completamente con la estética oscura y siniestra de sus captores. El miedo le empujó desde dentro hacia afura y sin titubear, para que no supieran que les temía, respondió sin vacilar demasiado:
-Óscar. Me llamo Óscar.
Raphael sacó de un bolsillo un cigarro por la mitad, se lo puso ladeado en la comisura de los labios y lo encendió con un zippo plateado con alguna suerte de garabato grabado.
-Muy bien, Óscar. ¿Sabes quienes somos, verdad?
Óscar, evidentemente, no tenía la menor idea pero cuando se disponía a responder que no Raven le interrumpió.
-Sí, amigo, somos nosotros. La Orden Magenta.
Raphael le dio un codazo para que se callara y Raven gruñó retrocediendo un paso.
-Cállate, Raven. Tú, Óscar, ¿sabías quienes eramos?
Óscar no tenía ni idea.
-Sí- se apresuró a responder-, he oído hablar de vosotros.
-Muy bien, entonces dinos, ¿eres un espía de los High Skull o has venido a unirte a nosotros?
Covadonga, que había permanecido callada se acercó un paso a Óscar que no pudo evitar temblar levemente al pensar en el arma.
-¿O has venido a morir aquí abajo, amigo?- dijo con provocación.
-He venido... a unirme, claro- dijo nuestro protagonista tratando de parecer enigmático.
-Muy bien- asintió Raphael-, quizá necesitemos a alguien más. ¿Sabes las reglas de La Prueba, no?
-Eh... sí, claro, pero... ¿las sabes tú?
La Orden Magenta en pleno se rió durante medio minuto más o menos. Bueno, todos menos Machina que permanecía serio y mirando hacia abajo. Finalmente Raphael hizo un gesto a Raven que carraspeó, se adelantó un paso y dijo:
-Primero tienes que encontrar el refugio, y aquí estás- todos asintieron-, luego tienes que contarnos una fechoría, algo que hayas hecho lo suficientemente macabro como para que merezcas que te dirijamos la palabra. Luego de eso te ponemos una prueba. Si la cumples eres uno de los nuestro.
-Gracias, Raven, dijo Raphael- Raven sonrió orgulloso.
Óscar tragó saliva pensando en el lío en que se estaba metiendo y que al día siguiente tenía los exámenes de selectividad.
-Venga, pasmao, tu historia.
Óscar tragó saliva y les contó su historia. Todos se quedaron boquiabiertos durante un segundo salvo Machina que permanecía inmóvil y silencioso.
-Vaya con Osquitar- dijo Covadonga disimulando algo que bien podía ser emoción.
-No sé si esa historia es real o te la has inventado, Óscar. Pero si es cierta tienes agallas, y eso nos gusta.
-Y si es falsa... ¡bang!- dijo Covadonga moviendo el arma dentro de su bolsillo.
-¿Y ahora qué?- dijo Óscar que llevaba un buen rato aguantando con todas sus fuerzas para que no vieran el miedo tan grande que tenía.
-Ahora tu prueba- dijo Raphael y Raven le acercó un sombrero en el que había varios papeles doblados-. Por cierto, amigo, ese sombrero es idéntico al que usábamos antes para el sorteo de la prueba.
-Ah-dijo óscar fingiendo desinterés-, seguro que era peor.
-Seguro- dijo Raphael con recelo-.Te explico, sacas tres papeles. Cada uno de ellos es una prueba. De los tres eliges una y ésa será la que tendrás que realizar para pertenecer a la Orden Magenta. Adelante, mete la mano ahí.
-Sí, vamos- dijo Covadonga.
Óscar metió la mano en el sombrero y sacó tres papeles al azar. Los desdobló y leyó en voz alta las tres posibles pruebas a realizar:
-Encontrar a Willy, la mascota perdida.
-La Carrera del Duro.
-Dos entran, uno sale.
Óscar se quedó mirando los papeles, sabedor de que ahora le tocaba elegir qué prueba quería realizar si quería, al menos, quitarse de encima a los cuatro bichos raros.
-Eh... ¿en qué consisten?
-Primero elige- dijo Covadonga acercándose con el bulto de su chaqueta apuntándole a los testículos.
Óscar tragó saliva.
-Pues...
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Tú decides:
OPCIÓN A: Encontrar a Willy,la mascota perdida.
OPCIÓN B: La Carrera del Duro.
OPCIÓN C: Dos entran, uno sale.
OPCIÓN E: Otra. Cualquier otra cosa que se les ocurra, anótenla en los comentarios de esta entrada.
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