¿Y a esto cómo se juega?

Cada LUNES el blog se actualizará con una entrada que expondrá la situación actual de Óscar y se dará a elegir a los lectores entre tres opciones que representarán su futuro inmediato: dos de estas opciones vendrán preestablecidas por la dirección del blog (ego sum) y la tercera quedará abierta para que sea el público quien la sugiera. De vosotros depende que Óscar se convierta en un triunfador en la vida o en un mendigo harapiento, por mencionar solo dos de las infinitas posibilidades. Adelante.
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lunes, 24 de marzo de 2008

1x03. Los héroes también huyen

Óscar se dio media vuelta dispuesto a marcharse. Aún no tenía muy claro si volver a casa y estudiar para el examen o correr sin dirección aparente hasta que sus piernas y su corazón le dijesen que ya se encontraba a salvo. Pero entonces oyó la voz de Lucy, la 90, su gran amor de la infancia, pidiendo ayuda desde el interior de la cocina a través de las cada vez más altas llamas.

Se dio la vuelta como activado por un resorte y cruzó decidido la carretera en dirección al incendio. Sabía que los bomberos y la ambulancia tardarían aún demasiado. Él estaba allí y podía solucionar lo que él mismo había provocado.

Sin pensarlo dos veces dio una patada a la puerta principal, que ya estaba acombada por el humo y las llamas, y entró al interior de la casa. La temperatura era cada vez peor. El fuego había avanzado muy rápidamente y los chicos estaban atrapados en el salón, cada vez más lleno de humo, atrapados por un derrumbe en la puerta del mismo.

Parece ser que había gente fuera del salón ya que había oído a Lucy gritar desde la cocina y, seguramente, si ella había salido antes de que la puerta quedara impracticable, alguien más podía haberlo hecho y podría ser que la casa estuviera llena de victimas desperdigadas y encerradas en habitaciones.

Volvió a oír la voz de Lucy que pedía auxilio. Una duda le cruzó la médula con una descarga que le erizó el vello. ¿Ir a la cocina a salvar a Lucy o sacar a al menos veinte de sus amigos del salón en llamas? Óscar se paró en seco para ver si esa parte de su cabeza que parecía discutir, opinar y votar cada vez que había que tomar una decisión se ponía en marcha. Pero no fue así. Estaba solo así que lo afrontó como un ejercicio matemático.

-Tenemos unas veinte personas en el conjunto A, al menos cinco más en el resto de la casa a la que llamaremos conjunto B y a Lucy, mi Lucy en la cocina o conjunto C- dijo y calibró las tres opciones durante un segundo- ¡Lo tengo!

Óscar entró en el cuarto de baño, que lo tenía justo al lado, abrió la ducha a tope y se metió debajo del chorro. Mientras dejaba que el agua lo empapara por completo descolgó la cortina de la ducha y se aseguro de que también acabase empapada de agua. Una vez estuvo mojado sumergió también una toalla de manos que se enrolló en la cara tapando nariz y boca para evitar inhalar el humo que cada vez era más espeso e irrespirable. Una vez hecho todo esto salió del baño y se encaminó hacia el salón.

No se lo pensó dos veces. Lo que obstruía la puerta del salón eran un par de tablas (no tenía idea del orígen de dichas tablas y qué hacían en su lugar) y algunos escombros procedentes del techo, que parecía estar desplomándose poco a poco. Las maderas, junto a parte de la puerta que aún quedaba sobre su marco, formaban una columna de fuego en la puerta del salón. Óscar tomó carrerilla, metió la cara bajo la cortina de la ducha y saltó contra la columna de fuego. La adrenalina debió ser la causante de que no sintiera el dolor que le provocó un trozo de madera clavándosele en el hombro cuando consiguió, a la primera, tumbar las tablas y los escombros con el peso de su cuerpo y caer rodando dentro del salón ante la mirada perpleja de todos los amigos allí reunidos.

La gente tosía y lloraba. Gonzilla trataba de salvar alguna botella de tequila de las que quedaban si abrir. Tate y Mariano habían aprovechado la coyuntura para agarrarse a las dos amigas de Lucy y consolarlas mientras lloraban aterrorizadas. Todo el mundo miró a Óscar que había entrado derribando el obstáculo, como todo un superhéroe con una capa con dibujos de florecitas.

-Tate, Mariano. dijo Óscar con un autoritario tono de voz que jamás había salido de su garganta antes.

Sus amigos le miraron con gesto de asombro y admiración.

-Sacad a las chicas de aquí. Llevadlas a un lugar seguro.

Las caras de Mariano y Tate se iluminaron de orgullo y diciendo un "sí, señor" se encomendaron a la noble tarea de sacar a todas las chicas del salón.

-Moco. Perdón, Rodolfo.

Rodolfo estaba debajo de una mesa pero tras ver como todo el mundo estaba haciéndose el héroe asomó la cabeza cual tortuga fisgona para ver si aún quedaba algo de heroicidad para él.

-Arriba queda gente, ve a por ellos y sácalos.

Rodolfo asintió y se fue raudo hacia arriba. El salón estaba controlado. Y solo le había ocupado medio minuto de valioso tiempo. Ahora quedaba lo importante. Apretó el paso y llegó a la puerta de la cocina entres zancadas. Por debajo de la puerta salía un humo negro cada vez más espeso y los brillos que producían las llamas alumbraban ya todo el pasillo. Tomó el pomo de la puerta con celeridad y sintió como el metal del pomo, que se encontraba al rojo vivo, le inyectaba una sobredosis de dolor que le hizo tambalearse. Acababa de quemarse la mano. Pero Lucy seguía en peligro así que metió la mano en la cortina mojada y le atizó una patada a la puerta. Y otra. Y a la tercera cayó dejando salir una bofetada de calor y humo contra nuestro héroe.

-¡Lucy! ¡Lucy!- gritó Óscar tratando de ver algo entre el humo.
-Aquí. Estoy atrapada.

Óscar corrió en esa dirección y vio a Lucy tumbada en el suelo con otro montón de cascotes y escombros encima. Le aprisionaban una pierna.

-Tranquila- dijo mirando como el pecho de su amada, aquél tan admirado pecho, subía y bajaba dentro de su blusa debido al nerviosismo- Ya estoy yo aquí.

Óscar retiró los escombros con celeridad dejándole a Lucy la toalla mojada mientras para que se protegiese y no respirase más humo. Ella le miraba con una expresión nueva en sus ojos y si Óscar hubiera entendido más de mujeres, si no hubiera sido aún virgen, si hubiera hecho más caso alguna que otra vez a sus hormonas... ahora sabría que se trataba de excitación. Tan feliz estaba de estar ayudando a Lucy y de que ella le estuviera mirando con interés por primera vez en su vida que ni siquiera reparaba en el dolor que sentía cada vez que cogía un cascote con su mano quemada y el escozor del agujero que la madera del salón había producido en su hombro.

Una vez retirados todos le dio la mano para que se levantara. Lucy se quedó mirando la mano. La quemadura no pintaba nada bien. Óscar se dio cuenta de lo que miraba y retiró la mano ofreciéndole la otra. Ella la tomó pero al levantarse trastabilló un poco e hizo un gesto de dolor. Al parecer se había lastimado la pierna. Óscar la tomó en brazos inmediatamente ante el asombro de ella que le miraba como si fuera la primera vez en su vida que le había visto.

La sacó de la cocina cruzando las llamas envueltos en la toalla y la cortina de ducha y salieron a la calle donde ya estaban casi todos sus amigos. Óscar se detuvo. Ya era el momento de soltar a Lucy pero quedaba algo por hacer antes. La miró de hito en hito y, sin mediar palabra, sin pensárselo dos veces, la besó. Un beso de película que inmediatamente fue orquestado con los aplausos de todos los amigos del héroe. Las sirenas ya estaban muy cerca y aquél beso podría haber sido eterno de no ser por la voz que, gritando "asesino", "fue él", "él quemó la casa con gasolina", le sacó de tan idílico momento.

Se trataba de un hombre de unos sesenta años, y una camiseta de "Jesús me ama" que,al parecer, vivía justo enfrente.

Le habían pillado.Las voces de sus amigos pasaban poco a poco del orgullo y la admiración a la duda y la decepción.

Óscar dejó a Lucy en el suelo mirándola a los ojos aún.

-¿Has sido tú, Óscar? - le preguntó y él asintió con la cabeza- ¿Por qué, Óscar?
-Eso no importa ahora. Tengo que irme y puede que no vuelvas a verme en un tiempo.
-No, espera, ¿a dónde vas?
-Huiré sin rumbo fijo, Lucy, es lo mejor ahora mismo. Y es mejor que no sepas a dónde voy. La gente hará preguntas.

En el rostro de Lucy había sentimientos encontrados. Uno de ellos era sin duda miedo pero el otro respondía a un instinto no tan fácilmente comprensible. El otro era una mezcla de deseo, pasión y amor nacida sin duda de comprobar que el chico era un tipo duro de los de las películas.

-Te quiero- dijo Lucy agarrándole la cara.

Óscar estuvo a punto de desmayarse por los nervios del momento y por semejante frase.

-Yo también te quiero, Lucy. Desde siempre- dijo y, tal como acababa la frase, volvió a besarla.

Se separaron como en las películas, muy lentamente y medio llorando. Óscar volvió a mirar atrás y vio que la policía ya había llegado y los bomberos trabajaban ya a destajo. El vecino que le había acusado estaba hablando con dos polis y señalando a Óscar con vehemencia. Óscar se dio la vuelta y apretó el paso alejándose del incendio.

-¡Alto!- gritó un policía.

Óscar echó a correr con todas sus fuerzas alejándose lo más posible del núcleo urbano. Buscando las calles oscuras. Tiró en un contenedor la cortina de ducha, rasgó una tira de la toalla y se la enrolló en la mano quemada. Y corrió. Y corrió.

No sabía si le seguían aún pero estaba convencido de que así era. De que en dos minutos tendría a todos los cuerpos de seguridad del estado pisándole los talones al pirómano malvado. Corrió tanto que le estaba empezando a doler el pecho. Y la mano. Y el hombro. Y estaba completamente mojado en plena noche.

De repente vio las luces de un coche de policía al final de la calle. Estaba atrapado. Miró a su alrededor: una urbanización de las afueras. Ni un solo sitio donde meterse que no fuese el jardín de una casa. Un contenedor de basura a punto de rebosar y, junto al contenedor, su vía de escape. Una boca de alcantarilla.

Usó toda su fuerza en desplazar la tapa y comprobó que, igual que en los tebeos, había una escalerita que bajaba hasta el fondo. Antes de bajar miró al contenedor y vio algo que pensó que podía servirle y lo cogió. Descendió la escalera hasta las cloacas.

Mal iluminadas y apestosas, igual que en las películas y los cómics, las cloacas en aquél punto estaban divididas en dos calles que corrían paralelas a un canal de agua y desperdicios. Era un complejo mapa de túneles y canales que se extendía por debajo de la ciudad.

Óscar contuvo sus ganas de vomitar y anduvo unos metros hasta sentirse lo suficientemente lejos de la boca de alcantarilla como para, si bajasen a por él, al menos verlos con tiempo. Se puso en cuclillas y se dispuso a echarle un vistazo a su mano quemada cuando oyó un ruido procedente del túnel de alcantarillado frente a él.

Aguzó la vista y vio que se trataba de tres personas. A juzgar por sus aspectos, a pesar de que apenas los distinguía, supo de inmediato que no se trataba de policías. ¿Vagabundos? ¿otros delincuentes fugitivos? ¿mutantes?

Óscar oyó la sirena de policía sobre la boca de alcantarilla a su espalda. Frente a él los tres individuos. A su lado el caudal de agua putrefacta. Dudó durante unos instantes.

-¡Cielos! ¿Qué hago?

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Tú decides:
OPCIÓN A: Óscar decide avanzar y comprobar quienes son los tres tipos de delante y cuáles son sus intenciones.

OPCIÓN B: Óscar vuelve a salir de la alcantarilla asustado y trata de buscar un escondite mejor.

OPCIÓN C: Otra. Cualquier otra cosa que se les ocurra, anótenla en los comentarios de esta entrada.

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EL DEBATE SOBRE EL FUTURO DE ÓSCAR ESTÁ ABIERTO. DEJEN SU OPINIÓN EN LOS COMMENTS Y QUE SEA LO QUE DIOS QUIERA. EN LA ESQUINA SUPERIOR DERECHA DE LA PANTALLA PRINCIPAL DE ESTE BLOG PUEDEN VOTAR LAS OPCIONES. (LA TERCERA OPCIÓN APARECERÁ CUANDO SE DECIDA CUAL ES DE ENTRE VUESTROS COMENTARIOS.)